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¿Habrá matrimonio en el cielo?
Trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario, ciclo C
by: Dr. Marcellino D'Ambrosio
Translated by: Miguel Carranza

Dada su historia, hasta parece un poco extraño. Después de todo, durante cientos de años los judíos habitaron al lado de una raza que vivía preocupada con el tema de la vida después de la muerte. Los egipcios construyeron pirámides que eran maravillas en el mundo antiguo, pero su único propósito era lanzar a sus líderes hacia el siguiente mundo.
Sin embargo, los judíos no tenían concepto de la vida después de la muerte. Ciertamente creían en el Seol (es decir, el Hades), pero la sombría existencia en ese mundo de las almas difuntas no podía llamarse propiamente “vida”. Para los judíos, al contrario de los griegos y los egipcios, el alma no podía tener una verdadera existencia sin el cuerpo. Un ser humano, de acuerdo a su entendimiento, no solo poseía un cuerpo, no era solo un vehículo que el alma conducía por la ciudad. No, el cuerpo es una parte esencial de la persona. El cuerpo es la persona.
Así que finalmente, cuando alrededor de 150 años antes de Cristo un grupo de judíos piadosos llamados fariseos llegaron a creer en la vida después de la muerte, ellos instintivamente supieron que el cuerpo también tendría que estar involucrado de alguna forma. La salvación no significaba la liberación del cuerpo para disfrutar de la felicidad como almas angelicales, sino la resurrección del cuerpo.
El judaísmo establecido nunca adoptó esta idea. Hasta este día, la mayoría de los judíos no tienen una creencia definitiva sobre la vida después de la muerte. En el tiempo de Jesús, los conservadores, incluyendo a los sacerdotes, eran llamados saduceos. En Lucas 20:27-38 un grupo de ellos le presenta a Jesús un escenario para desacreditar esta ridícula creencia en la resurrección. En este mundo, la muerte de un esposo libera a la mujer para casarse con otro. Pero, ¿qué pasa si enviuda seis veces y se casa por séptima vez? En la resurrección, todos los esposos estarían vivos al mismo tiempo – ¿con quien estaría casada?
Mientras ellos se reían a escondidas, Jesús expone el problema. Ellos asumen que la resurrección será una mera resucitación, un regreso a la vida corporal tal como la experimentamos actualmente. Sin embargo, Jesús señala que nuestros cuerpos resucitados serán diferentes a los que tenemos ahora. Actualmente, nuestros cuerpos son mortales, vulnerables y de hecho frágiles. Toda una vida de alimentación nutritiva y ejercicio hecho con disciplina, puede ser acabada instantáneamente por un repentino encuentro con un camión.
En la resurrección, nos convertiremos como en ángeles en que nuestros cuerpos ya no serán mortales o vulnerables. No sé para ti, pero para mí, ese sería una gran diferencia en mi estilo de vida cotidiano y en mi rutina diaria. Ciertamente, el matrimonio es una relación de amor, pero también es una institución confinada por las realidades de la vida mortal. La reproducción es necesaria porque algún día moriremos y por lo tanto debemos generar reemplazos para que la raza humana siga existiendo. En el cielo, no necesitaremos preocuparnos por la sobrevivencia de la especie o de nuestro apellido. Pagar las cuentas y balancear el presupuesto es una gran parte de la institución del matrimonio y de la familia tal como la conocemos. Pero las deudas por las que trabajamos tanto en pagar cada mes no serán un problema en la vida que sigue. Un seguro medico no sirve de nada cuando se es inmortal.
Sin embargo, hay algunas cosas sobre el matrimonio que duraran para siempre. El matrimonio apunta más allá de si mismo hacia realidades eternas. Dios es una intima y amorosa comunión de personas. Estamos hechos a imagen i semejanza de Dios lo cual significa que estamos hechos de amor. El matrimonio es la realización de esta vocación y también un símbolo de una relación de amor aun más grande – el matrimonio entre Dios y su pueblo, Cristo y su Iglesia.
Por lo tanto, hay cosas sobre esta vida y sobre el matrimonio que duraran por siempre. Pero también hay cosas que pasaran. La resurrección no será solo más de lo mismo, sino una transformación de vida, un lanzamiento hacia un nuevo mundo de vida, una vida bajo el eterno amor de Dios y entre nosotros que será más emocionante de cualquier cosa que podamos imaginar.
Este artículo fue publicado originalmente en “Our Sunday Visitor” como una reflexión sobre las lecturas para el Trigésimo Segundo Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (2 Macabeos 7:1-2, 9-14 2 Tesalonicenses 2:16-3:5 Lucas 20:27-38). Se reproduce aquí con permiso del autor.
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